
“There’s Nothing that the road cannot heal” canta Conor Oberst en una de las canciones de su último disco, y parece que lo dice de verdad, porque son pocas las pausas que se da a sí mismo en cuanto a lo que a giras se refiere. Su gira de presentación de Cassadaga terminó por estas fechas hace un año en el FIB 2007, y hace poco más de un mes, ha vuelto a la carretera para presentar su nuevo proyecto.
Y puede parecer extraño que este nuevo proyecto sea la publicación de un trabajo con su propio nombre como solista, cuando todos sabemos que su grupo, Bright Eyes, se basa en él como líder, rodeado de un colectivo cambiante de músicos.
Lo que muchos no saben es que en Bright Eyes, son casi tan importantes las composiciones de Conor como el trabajo en la producción de Mike Mogis. Quizá sería esto lo que más distanciaría las canciones de trabajos como Cassadaga o el increible I’m wide awake it’s morning con las del nuevo disco, grabado y producido por él mismo en la localidad de Valle Místico, en Méjico. Aparte de esto, y el cambio de sello de Saddle Creek a Merge Records, lo que podemos decir con seguridad, es que la calidad de las canciones no ha disminuido un ápíce.
Así que el folk (esa “Get-Well Cards” con ecos dylanianos) y los retazos alt-country (“NYC Gone, Gone”) dominan un disco que mantiene una vertiente mucho menos instrumentada que los últimos discos de Bright Eyes, más directa y desnuda pero con unas letras que, curiosamente, se orientan más a la descripción de lugares o a narrar historias que a las confesiones más personales a las que nos tenía habituados.
Virtudes: Gustará, sin duda alguna, a los fans y es altamente disfrutable para los que no lo son.
Defectos: Quizá no era necesario cambiar tantas cosas para decir, prácticamente, lo mismo.
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